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miércoles, agosto 09, 2006

CUIDAR DE UN ENFERMO



Estos son, de izquierda a derecha, Tor y Sira, dos gatitos que forman parte de mi familia desde hace 13 años. Esta foto fue sacada hace un año. En la actualidad, Tor (el gatito de la izquierda) está bastante enfermo, y yo y el resto de mi familia le tenemos que cuidar para mantenerle vivo.

No puede mover las patas ni comer por si solo, hay que llevarle en brazos para cambiarle de sitio, o para que haga sus necesidades en las piedras. También hay que introducirle la comida en la boca hacia el fondo de la garganta porque si no la lengua se le vuelve para atrás y no puede tragar. Cuando se le vuelve, hay que ponérsela bien arrastrándola con un palito fino, si no, no puede pasar la comida ni beber agua.

Esto hace que lo llene todo de babas, y continuamente tenemos que estar limpiandole a él y los sitios en los que le ponemos. Pueden pasar muchos dias sin hacer sus necesidades, y hay que ponerle varias veces al día en las piedras, aunque se queja mucho porque no le gusta, pero es necesario, así que insistimos hasta que lo hace.

Además, todos los días recibe su medicina, pastillas y homeopatía, además de muchas dosis de mimos y compañía.

Todo esto exige mucho tiempo y esfuerzos, porque hay que estar pendiente de él casi todo el tiempo. A la hora de comer, de recibir su tratamiento o cumplir sus necesidades fisiológicas no lo pone nada fácil. Si te descuidas cuando le das de comer te puede meter un mordisco terrible en los dedos (lo hace sin querer), además que se puede caer de la cama si no se le vigila, y hay que tener cuidado de que no se lleve ningún susto, porque desde que está inválido reacciona de un modo muy temeroso y cualquier ruido o movimiento brusco le altera. Si se asusta mucho hasta se puede mear encima.

Por si fuera poco, está su hermana Sira, que complica bastante más la situación.

Sira se puede mover con normalidad. Come, bebe y juega sin problemas, pese a que tiene un tumor en los pechos que le está aumentando. Según la veterinaria no es grave -sobre todo comparado con la situación que vive Tor- y dice que todavía puede mantenerse varios años sin perder calidad de vida.

Nos ha recomendado no operarla (ya sería su segunda intervención, y parece que no sería bueno operarla de nuevo), así que la tenemos con un tratamiento a base de Renoven, un medicamento bastante costoso pero que parece que ayuda a detener el avance del cáncer en humanos.

El problema es que desde que Tor está tan enfermo, Sira no le puede ni ver, se pone muy violenta y le ataca como si fuera un enemigo, hasta el punto que hay que mantenerles separados porque si no le podría matar (el pobre Tor no se pude defender, lógicamente). Esto exige tener mucho cuidado de mantener las puertas siempre cerradas, al modo de la película “Los otros” de Amenabar. No podemos dejar dos puertas abiertas a la vez, porque Sira está al acecho, tratando de aprovechar la más mínima ocasión.

Creo que esto puede ser debido a que su olor ha cambiado y no le reconoce, o tal vez al estar enfermo le quiere fuera de su territorio por puro instinto de supervivencia. Sea como sea, supone un peligro constante para Tor, además que para Sira es un gran stres pensar que vive con un invasor en casa.

Estas circunstancias son bastante duras para los humanos que estamos al cargo de la situación. Uno recuerda cuando estaban los dos juntos, no hace demasiado tiempo, cómo jugaban, comían y bebían de modo normal. Verles ahora así, separados, enfrentados y con achaques, con uno de ellos impedido, produce gran dolor.

Hemos llegado a plantearnos la opción de proporcionar a Tor la eutanasia activa e indolora, ante la posibilidad de que seguir viviendo le proporcione también a él gran dolor durante un tiempo indefinido, sin posibilidad de remisión, una situación muy poco deseable. Por supuesto, esta es una iniciativa de carácter totalmente sensocentrista y utilitarista, esto es, hacer balance del posible dolor y placer que obtendrá, y obrar en consecuencia.

Sin embargo, hemos desechado la idea por varias razones:

-primero y lo más importante, creemos que quiere vivir. Él lucha por moverse y hacer cosas, emite sonidos cuando quiere llamar nuestra atención, busca la compañía humana y pasa mucho tiempo en estado de tranquilidad, durmiendo o tumbado sin hacer nada, como hacen muchos otros gatos. Creemos que siente dolor y molestias cuando hace sus necesidades, movimientos bruscos o cuando le damos de comer, por lo aparatoso de la situación, pero parece que lo lleva bien, lo cual también nos da fuerzas a nosotros para seguir ayudándole.

-segundo, tengo mis dudas de que alguien tenga potestad sobre la vida de otro individuo. En este caso, no hay ningún conflicto de intereses. No hay que elegir entre la vida de uno/s u otro/s, es la vida de un individuo que no interfiere con la de los demás, y sobre la que dudo que alguien tenga potestad, aunque esté bajo nuestra responsabilidad.

-tercero, no creo que la vida consista sólo en experimentar cierto volumen de dolor o placer. Puede que haya algo más que no hemos descifrado racionalmente y tenga un sentido metafísico que desconocemos. Tal vez la vida tenga una carga de tipo espiritual, y privar a alguien de su vida suponga privarle de algo trascendente más allá de las sensaciones. No soy persona religiosa, pero tampoco creo tener todas las respuestas, y cuando la vida de alguien está en juego hay que estar muy seguro de lo que se hace.

-y cuarto, existen lazos emocionales que hacen dura la idea de despedirnos de él. Pensar que ya no le vamos a poder ver, ni cuidar, ni experimentar todas las sensaciones que produce una relación de afecto mutuo hacia alguien, resulta duro de asumir. No queremos perderle, aunque es inevitable, y seguramente no tarde mucho.

Todo este suceso me ha llevado a plantearme el sentido de la vida con un enfoque diferente al habitual. Nunca hasta ahora había estado tan próximo a perder a alguien realmente cercano. Uno se pregunta, ¿por qué suceden estas cosas? ¿Por qué alguien que está vivo debe enfermar y morir? ¿Por qué existe el dolor y el sufrimiento? Uno desea que ojalá esto no pasara, que uno siempre pudiera estar cerca de los suyos, que la felicidad fuera para todos y para siempre. Pero no es así. Ni puede serlo.

Uno encuentra que al final hay que aceptar el dolor y la muerte como parte de la vida, sacar fuerzas de flaqueza y tirar para adelante, asumiendo que las cosas nunca podrán ser como a uno le gustaría. Pero entre tanta desolación, a veces suceden momentos y circunstancias que merecen la pena, como la relación íntima que se produce entre dos animales, una experiencia muy gratificante, que da intensidad a la vida y hace que salga lo mejor de uno mismo.

Después de esta experiencia, aprecio mucho más a aquellos que se dedican a cuidar a los no-humanos víctimas de la enfermedad, del desprecio y la soledad. Su ayuda son gotas en el océano de la vida, que no deja de ser un instante en la eternidad.

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