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lunes, julio 31, 2006

DETECTAR FALACIAS: FALACIA DE CONTINUIDAD


La falacia de continuidad, también llamada falacia del montón o de la barba del calvo, se usa cuando se viene a decir que una sucesión de pequeños cambios nunca producirá un cambio sustancial. Una representación de esta falacia que a menudo responde a planteamientos especistas, es la siguiente:

"para qué voy a dejar de comer animales, si se les va a seguir matando igual"

De este modo se argumenta la pretendida inutilidad de cualquier pequeño cambio en nuestra forma de obrar de cara a posibles cambios globales en el trato hacia los no-humanos, pues "un grano no hace un granero", o "una gota no hace un océano", y por lo tanto, los esfuerzos individuales en este sentido resultan inútiles.

Este fatuo argumento puede venir muy bien en un momento dado para disculpar las propias actitudes discriminatorias. Pero profundizando un poco se puede apreciar su falta de consistencia. Es evidente que si sumamos un grano, más otro grano, más otro, finalmente llegaremos a conseguir un montón de granos. De hecho, en ausencia de interferencias externas, sería imposible no obtener un montón si se siguen añadiendo granos durante el tiempo suficiente.

Es por esto que el refrán dice "un grano no hace un granero", y añade "pero ayuda al compañero".


Otra forma en la que se puede presentar esta falacia consiste en asumir que dos posiciones extremas son la misma posición si están conectadas por diferencias intermedias cuyo límite es difuso. Es más o menos como decir que mucho dinero y poco dinero son la misma cosa, ya que no podemos saber con exactitud en qué momento poco empieza a ser mucho, o viceversa.

Un caso típico aplicado al especismo es el siguiente:

"respetar a los animales y no respetarles es lo mismo, ya que siempre pisarás alguna hormiga"

Así se pretende quitar valor propio al veganismo, despreciando un estatus de respeto factible como el que suele defender esta ideología, en base a que ambas posiciones -respetar a los animales o no hacerlo- siempre van a producir damnificados en mayor o menor grado.

Esta variante de la falacia de continuidad se escuda en la ausencia de puntos de referencia para muchos términos de nuestro lenguaje. Esto sucede cuando hablamos, por ejemplo, de frio o calor, viejo o joven, alto o bajo, etc. Pese a ser conceptos antagónicos, pueden intercambiarse dependiendo de las circunstancias y el contexto. Sin embargo, bajo el mismo contexto y circunstancias, no significan en absoluto lo mismo.

Una manera fácil de desmontar a quien use este argumento es preguntarle si le parece lo mismo, por ejemplo, recibir un pisotón en el pie de vez en cuando (cosa inevitable) que recibir un martillazo en el pie todos los días. Ya que las circunstancias en ambos casos son casi idénticas -tan sólo cambian la frecuencia y la fuerza del impacto-, en coherencia con su argumento esta persona debería responder que sí. Sin embargo, lo más probable es que no le parezca lo mismo.

( artículos relaccionados:
detectar falacias: introducción
detectar falacias: falacia del accidente )

 

sábado, julio 29, 2006

ANÉCDOTA: TRABAJAR CON GENTE ESPECISTA



El otro día Oscar, un compañero de trabajo, nos invitó a tomar unas cervezas al finalizar la jornada, a mí y al resto de compañeros. Yo no tengo problemas con la cerveza, y como mantengo buena relación con toda la plantilla en general, accedí. Nos fuimos a un bar cercano y pedimos. Y ahí empezó mi incomodidad.

Para empezar, cada cerveza iba acompañada de una tapa de embutido: chorizo, o algo similar (la verdad es que no me fijé bien), que el camarero puso en la mesa con cara de satisfacción ante el agrado de mis compañeros. Yo no dije nada, ellos ya conocen mis ideas sobre la explotación animal, y me bastó con recordarles que yo no comía eso. No hubo más preguntas, simplemente uno de ellos dio cuenta de la tapa que me correspondía y listo.

Podría haber aprovechado la circunstancia para exponerles más en profundidad mis ideales de justicia y respeto, pero no suelo hablar de ello a no ser que vea a la gente con verdadera disposición de entender, y creo que mis compañeros no entenderían todas las implicaciones que se derivan de este tema ni en un millón de años. Así pues, decidí ignorar el suceso, y saboreé mi heineken.

Pero la cosa no acabó allí. De pronto empezaron a conversar sobre los platos típicos regionales que habían disfrutado alguna vez, como cordero lechal, cochinillo... no voy a hacer la lista de los supuestos manjares que salieron durante el intercambio de experiencias culinarias, pero os aseguro que fueron unos cuantos.

Después de varios minutos ya me encontraba verdaderamente incómodo. No sabía ni donde mirar. No podía creer que tuviera que recordarles que ese tema me incomoda, así que esperé, hasta que al parecer finalmente se dieron cuenta de que mi desagrado, y entonces la conversación cambio. De pronto de pusieron a hablar de mascotas.

Parece que pensaban que yo, como “amante de los animales”, disfrutaría conociendo las manipulaciones a las que habían sometido a algunos, pues eso suele ser habitual entre estas personas, además de ver documentales en La 2. Así que tuve que presenciar el relato de cómo el uno había cazado ratones para alimentar a su serpiente, o cómo tuvo que “sacrificar” a su perro el otro en cuanto enfermó, o de cómo había amaestrado el otro a una lechuza, etc.

Ya no puede aguantar más, así que cogí mis cosas, me despedí y me fui. No sé si habrán entendido el motivo de mi marcha, pero lo que no creo que entiendan es la impotencia que se siente cuando escuchas ese tipo de cosas y sabes que no puedes hacer nada, aún teniendo tan cerca de las personas que ejercen esas discriminaciones.

Me he propuesta la próxima vez que se produzca esta situación mostrar mi desagrado de un modo más visible, pidiéndoles que se callen si es necesario. Prefiero acabar marginado laboralmente antes que sentirme mal por no decir nada.

 

domingo, julio 23, 2006

ESTRATEGIAS



No hay nada que divida más al colectivo vegano que las estrategias que adoptan unos y otros para llegar al mismo fin, la integración animal

En la realidad, a día de hoy no existen pruebas que demuestren lo idoneo de una estrategia determinada en comparación con las demás, tan sólo especulaciones más o menos razonadas. Sin embargo se suele emplear mucho tiempo en hacer críticas sobre la pretendida falta de eficacia de tal o cual estrategia, bajo la creencia de que ese esfuerzo se rentabiliza más que si se empleara en otros fines, como la difusión del veganismo de cara a la gente especista, lo cual también es algo que podría ser cuestionado.

Sea como sea, nos movemos por un campo especulativo que a menudo supone una barrera infranqueable entre personas que persiguen un mismo fin.

Por una parte, están los que defienden el abolicionismo a base de concienciación y educación mediante charlas, mesas informativas, manifestaciones públicas, etc.

Luego están los neo-bienestristas, que pretenden cambios legislativos y reformas en las condiciones de explotación actuales, y a la vez practican las otras estrategias abolicionistas anteriormente citadas.

Por último están los partidarios de la acción directa, que pretenden este objetivo mediante atentados hacia los opresores y liberaciones individualizadas, al margen de legislaciones o concienciación.

( el bienestarismo a secas queda fuera de la clasificación, ya que esta estrategia no cuestiona el estatus de propiedades de los no-humanos, ni pretende el mismo fin que las anteriores. De hecho se puede ser bienestarista sin ser vegano, y ser perfectamente coherente, cosa que no pasaría con las otras tres estrategias )

Los argumentos en los que se suelen apoyar son los siguientes, a grandes rasgos:

Los abolicionistas consideran que el fin de la explotación animal sólo ha de ser visto a largo plazo, y proponen una rentabilización de los recursos con los que contamos para este fin, dedicándonos a la labor de concienciación, dando por hecho que este fin llegará antes de este modo, sin apelar a otras reformas que consumen tiempo, recursos, y perpetuan el rol de propiedades de los no-humanos.

Por contra, esta estrategia suele ser acusada de falta de realismo por lo ambicioso de su propuesta (liberación animal sin reformas intermedias), y de insensivilidad al olvidar los intereses de los no-humanos que sufren en la actualidad, y hacer una jerarquización en la que salen perdiendo estos últimos.

Los neo-bienestaristas, por su parte, opinan que la liberación animal está demasiado lejos, y que mientras tanto hay animales que sufren y pueden ser ayudados en este momento solicitando mejoras en sus condiciones para aliviarles su sufrimiento. Además consideran que estas reformas pueden ir allanando el camino de la liberación animal futura, y suelen añadir que durante el trayecto de otras luchas sociales se han sucedido de modo previo otras reformas políticas y legislativas que no han impedido llegar a ese fin.

Suele ser acusado de perpetuar la idea de los no-humanos como esclavos, por solicitar reformas que no cuestionan el trasfondo especista que las produce, lo cual puede entenderse como un consentimiento y promoción del mismo.

Por último, está la denominada acción directa, que considera que los no-humanos esclavizados y sometidos deben ser liberados del lugar en el que se encuentran con todos los medios que estén a nuestro alcance, ya que la labor de concienciación o legislación sólo pueden conseguir mejoras a largo plazo de las que los animales que actualmente están sometidos no se van a beneficiar, o bien el beneficio que pudieran obtener no resulta suficiente. Otra vía de acción es la lucha hacia el opresor, que adquiere el estatus de enemigo, por medio de acciones violentas, ilegales, o "políticamente incorrectas".

La crítica mayoritaria que recibe esta estrategia es la mala imagen que produce de cara a la opinión pública, lo cual puede afectar de rebote a la imagen de los defensores de los animales que optan por otras vias, y también la falta de medios para llevarla a cabo a gran escala de modo efectivo, además de otras críticas más o menos prejuiciosas sobre la falta de ética que hay en realizar acciones de cariz violento hacia los animales humanos.

Como se puede ver, existen argumentos muy buenos para defender y adoptar una determinada estrategia frente a las otras. Estaría bien que, a partir de este punto, cada uno opinara sobre la efectividad o falta de efectividad de las mismas, y a ser posible, de modo razonado.

Yo, de momento, me reservo mi opinión, ya que a falta de pruebas y de que el tiempo y la experiencia arrojen datos significativos al respecto, sigo sin decantarme por ninguna de ellas con caracter de exclusividad, ya que las tres me parece que tienen puntos fuertes y débiles, según se miren.

 

lunes, julio 10, 2006

¿COMO REACCIONARIAS TÚ? (TU ÉTICA PERSONAL)



Vamos a poner que te encuentras una cartera en la estación del metro.

La recoges y la abres con la intención de identificar a su legítimo dueño, por medio de alguna foto o acreditación. Descubres que está llena de dinero, y por la documentación, carnets y pistas varias que en ella se encuentran, deduces que pertenece a una persona opulenta, sin estrecheces económicas. Te ves entonces en un dilema: ¿la devuelves o te la quedas?

Por una parte, tenemos que a uno no le gusta que le roben, y se suele decir que no hay que hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, luego de este principio se deriva el respeto a la propiedad privada ajena.

Por otra parte, se suele tender a aceptar que es bueno lo que produce más beneficio, y ya que una cantidad de dinero importante proporciona comparativamente más beneficio a una persona de clase media que a alguien de clase alta, puedes pensar que es legitimo en este caso la gestión de los recursos ajenos.

Tienes presente en todo caso la intención de hacer lo correcto. Aunque también tienes tentaciones de disponer de la cartera al margen de consideraciones éticas al uso.

Pues bien, según este dilema, vamos a ejemplificar las vertientes éticas existentes:

devolver la cartera respondería a un criterio ético deontológico, es decir, que se basa en el deber (deón). Debemos respetar la propiedad ajena, a modo de postulado y como algo independiente de sus consecuencias. Este criterio heredado de Kant se puede formular mediante una frase:
"obra de modo que puedas querer la máxima de tu acción como ley universal"
Si crees que el respeto a la propiedad privada ha de ser una ley a respetar incondicionalmente y de modo universal, deberías devolver la cartera.


gestionar los recursos ajenos contenidos en la cartera respondería probablemente a un criterio teleológico, heredado de Aristóteles, que se basa en la finalidad (telos). Debemos hacer lo que traerá unas mejores consecuencias, independientemente de otros compromisos. Este se puede formular así:
"la buena acción es el fin, y el fin justifica los medios"
Si crees que el contenido de la cartera le va a hacer mayor bien a ti o a otras personas antes que a su propietario, debes quedártela y gestionar sus recursos del modo más adecuado.


( así quedan ejemplificadas las dos grandes orientaciones éticas occidentales: deontología y teleología )


guiarnos por nuestra intención respondería a una vertiente ética que se suele manejar menos que las anteriores, y se llama Aretaica o "de la virtud", que enfatiza en las cualidades del agente.

El matiz respecto a las éticas anteriores es que el acto se cifra como bueno o malo ya no por hacerlo basado en el telos o el deón, sino por la virtud que exprese quien realiza el acto. Es decir, que no importaría si devolvemos la cartera o nos la quedamos, si obedecemos a un principio de deber o buscamos una finalidad: lo que importaría es la voluntad que se encuentra detrás del acto, si se actúa por cobardía, valor, altruismo, egoísmo, indiferencia, etc… Este principio se puede enunciar como:
"la intención es lo que cuenta"
Según esto, tan bueno sería devolver la cartera como quedársela, si la intención de la que parte el acto es noble.


una cuarta orientación sería el relativismo ético, según el cual todas las normas morales son relativas a la persona, la localización geográfica, el momento en el tiempo, la cultura... El relativismo derivaría en la negación de cualquiera de las vertientes éticas anteriores, ya que no hay norma moral objetiva, inmutable o universal.

Esta vertiente ética suele ser muy celebrada por los detractores de los movimientos por la integración animal, que apelan a ella para justificar la explotación y su participación en esta. Llama la atención que estas personas suelen apelar a este criterio sólo para las normas que les incomodan. Aunque no siempre es así, y hay quien es consecuente con este criterio y opta por no valorar bondad o maldad “per se” en los actos humanos y las consecuencias que de ellos se derivan con carácter general. Esto se puede formular de la siguiente manera:
"todo es relativo"
Según este principio no habría nada de malo en quedárse la cartera para uso personal de su contenido, aunque ello respondiera a una actitud egoista o poco solidaria.


De este modo tenemos que las formulaciones básicas de las principales teorías éticas son las siguientes:

ética deontológica:
"obra de modo que puedas querer la máxima de tu acción como ley universal"

ética teleológica:
"la buena acción es el fin, y el fin justifica los medios"

ética aretaica:
"la intención es lo que cuenta"

relativismo ético:
"todo es relativo"


Una vez que sabes todo esto, puedes responder: ¿que harías tú si te encontraras una cartera en el metro?

( artículos relacionados: anécdota: una libreta en la acera )

 

martes, julio 04, 2006

VERDADES A GRITOS


"No son nuestros hermanos menores, no son nuestros subditos; son otro pueblo atrapado junto con nosotros en la red de la vida y del tiempo; prisioneros, como nosotros, de la magnificencia y el dolor que conviven en nuestra tierra."
Henry Beston.


"Hombre, no te vanaglories de tu superioridad ante los animales; ellos son sin pecado, y tú, con tu grandeza corrompes la tierra con tu aparición en ella, y dejas el rastro de tu estupidez tras de ti."
Dovstoyesky.