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sábado, mayo 06, 2006

"LOS ANIMALES TAMBIÉN SE COMEN ENTRE ELLOS"


Este razonamiento suele usarse para justificar la actitud de explotación que se mantiene hacia los animales no-humanos:

"¿por qué no voy a comer animales, si entre ellos también se comen?"

Esta es una realidad que un vegano difícilmente puede negar, ya no sólo porque supone un escoyo importante a la hora de transmitir la falta de ética que hay en matar animales, sino porque es normal desear que ningún animal sea asesinado por humanos o no-humanos. Si no hacemos nada por evitarlo es porque sabemos que las consecuencias de ello pueden ser peores que el problema que se pretende evitar. De modo que tenemos un problema de difícil solución, prácticamente endémico.

La respuesta más plausible de un vegano en los casos en que es llamado al atención sobre este hecho, suele ser que los humanos (o la mayoría de ellos) son individuos con posibilidad de actuar de un modo ético mientras que los no-humanos no tienen esa posibilidad. Y presuponiendo que existen motivos para actuar con ética si la posibilidad existe, lo lógico es hacerlo, independientemente de lo que hagan los demás individuos.

Pero esta argumentación, aunque es perfectamente coherente, tiene 2 problemas principales:
  • 1. que la persona que arguye la justificación no presuponga que exista obligación de actuar en modo ético alguno.
  • 2. que aunque lo presuponga, no comparta nuestro entendimiento de la realidad.

- El punto 1 no suele presentar gran dificultad. Es vox populi la regla de oro de la ética que reza “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. En esta formulación se expresa que no debemos hacer real para otros lo que tampoco queremos que para nosotros sea real, aunque de incumplir lo primero no se derive necesariamente lo segundo.

Esta sería una buena razón para defender por qué se debe actuar de modo ético, y suele ser comprendida sin demasiados problemas (en realidad se produce de modo intuitivo) por el común de las personas.

Para aquellos que no lo comprenden, tal vez necesiten saber que tener en cuenta la ética (o naturaleza) de sus propias acciones significa vivir según la realidad, e ignorar la ética es ignorar la realidad.

Existe una relación directa entre realidad y ética. El hecho de mentir es algo intrínsecamente negativo, porque va en contra de la realidad, y por eso resulta éticamente incorrecto. El comportamiento ético está a favor de la realidad, y algo deja de ser ético cuando va en contra o no se ajusta a ésta.

Esto no quiere decir que una mentira no forme parte de la realidad, pues se produce de modo real. Pero vulnera el principio de realidad y por ello suele ser rechazada con carácter general.
Es fácil entender que todo lo que va en contra de la realidad merece ser rechazado.

- El punto 2 es más difícil, precisamente porque el entendimiento de la realidad varía radicalmente de unas personas a otras. Según se entienda lo que es verdadero o falso, se considerará que resultan éticamente correctas unas cosas u otras.

Por ejemplo: se suele considerar el robo como algo intrínsecamente malo, pues va en contra de la realidad. Si un objeto es de otra persona, entonces no es mío, y por lo tanto poseerlo va en contra de la realidad. Esto suele ser lo habitual. Pero una persona que no considere que la propiedad privada tiene valor verdadero -y por tanto entienda que nada pertenece a nadie- no considerará el hecho de robar como un acto falto de ética. Ni siquiera compartirá que el concepto “robo” tiene un significado real.

Con la muerte de animales no-humanos pasa algo parecido. No se suele considerar una posibilidad real que no sean asesinados por otros animales, ya que suele ser habitual ver cómo unos se comen a otros, sin quedarles además otro remedio. Por ello hay quienes no pueden considerar el respeto a su vida como algo real, pues no conciben una realidad en la que no sean depredados, mientras que sí que pueden concebir una realidad libre de innecesarios asesinatos humanos.

Si todos los animales fueran hervívoros, su defensa sería mucho más fácil, pero siendo como es la cadena trófica puede parecer que tratar de salvarlos va en contra de la realidad. Este entendimiento sesgado se debe al abismo -en parte real, en parte imaginario- que ha creado el ser humano respecto al resto de la naturaleza, cuando resulta que hasta hace bien poco los humanos también formaban parte de la cadena trófica no sólo como depredadores, sino también como presas.

Sea como sea, evitar la depredación entre los animales no-humanos sin ocasionar su muerte es un problema de muy difícil solución, y supone un punto flaco importante a la hora de transmitir el mensaje vegano.

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