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viernes, abril 14, 2006

ANTI-ESPECISMO, UN TÉRMINO ANTI-PÁTICO

Como ya adelanté en el anterior artículo, el veganismo se propone muchas veces como la actitud moral de rechazo al especismo.

El especismo se conoce como “discriminación por especie”, es un neologismo que recoge y acota la tradicional actitud de desprecio e infravaloración hacia la vida y la libertad de los animales no-humanos. Actualmente existe un movimiento organizado de rechazo frontal hacia esta actitud, con una influencia social creciente. Está compuesto por personas que se denominan antiespecistas, palabra compuesta del prefijo griego anti, que denota oposición, y especismo que es el concepto al que se oponen.

Los antiespecistas consideran que los intereses de los animales humanos y no-humanos deben pesar de un modo equivalente sin importar la especie de pertenencia, y proponen una alternativa de vida que respete este principio igualitario con la intención de desplazar su utilización en todos los ámbitos. El fin último es la integración a nivel moral de los individuos discriminados para evitar lo máximo posible su habitual estatus social de esclavos.

En consonancia con esto, se pretende difundir este principio abolicionista de un modo efectivo, y el lenguaje como vehículo de transmisión de conceptos juega un papel importante. Especismo y antiespecismo son términos antagónicos que expresan en cada caso una discriminación y la oposición a esa discriminación. De un modo equivalente nos encontramos con que el racismo y el antirracismo definen una discriminación y su correspondiente oposición. Y podríamos hacer el mismo símil con el sexismo y el antisexismo.

Dado que las discriminaciones humanas suelen ser rechazadas de modo general, tratar de equiparar la discriminación racista y sexista con la especista es perfectamente comprensible si lo que se pretende es que ésta otra discriminación se rechace igualmente, con lo cual se entiende también la equiparación a nivel terminológico de estos conceptos. Sin embargo, debemos evaluar si es productiva la utilización de términos tan marcadamente antagónicos, o por el contrario existen alternativas más efectivas (esto es, que causen menos rechazo) como sucede también en el caso de las discriminaciones humanas.

Ciertamente, racismo significa “discriminación por raza”, y su opuesto sería antirracismo. Pero también lo sería integración racial. ¿Cuáles son los términos más efectivos para difundir lo que consideramos éticamente correcto?

Vamos a poner que yo estoy en contra de las discriminaciones raciales, y deseo dedicar mi tiempo a esta causa. Por ello decido afiliarme a una organización acorde con mi ideología. Encuentro que en mi ciudad hay dos organizaciones en esta onda. La una se autodefine como antirracista y en contra del racismo. La otra se define a favor de la tolerancia y la integración racial. En igualdad de condiciones y sin saber nada más de estas dos organizaciones, me apuntaría sin dudarlo a la segunda. La razón es que estratégicamente siempre resulta más convincente hablar en positivo y en términos de apertura que en negativo y en términos de confrontación.

Ahora vamos a tomar como base el término antiespecismo como alternativa a la discriminación que aquí nos ocupa, y analizar detalladamente los problemas que puede presentar esta dicotomía así expresada.

1. el primer problema de este término es el prefijo anti, que de entrada denota estar en contra de algo, en lugar de estar a favor de su opuesto. Tenemos entonces que se parte de una formulación negativa, y por lo tanto poco asertiva, y la asertividad es un requisito para una correcta transmisión de ideas.

Algunos pensarán que antiespecismo puede sonar como algo positivo, pues parte de una buena intención, sin embargo la mente registra el anti y se imagina una situación de confrontación, que suele tener una fuerte lectura negativa.

2. el segundo problema es que al mencionar el término especismo se refuerza la idea de que es lo habitual, lo cual puede resultar contraproducente a efectos prácticos. Es como si le dices a alguien que no piense en una vaca, que piense en una gallina, con lo cual esa persona tuvo primero que imaginarse a la vaca y luego cancelarlo para pensar en la gallina. Si le hablas a alguien de antiespecismo, esa persona registra el especismo como la conducta de la que se parte, y por lo tanto la interpreta como algo normal. Aunque luego se intente cancelar esta carga connotativa en base al prefijo anti, ya se ha registrado en su mente el significado de especismo con toda su carga emocional, con lo cual se refuerza lo que se quiere evitar a base de incidir sobre ello.

En su lugar, podemos emplear términos positivos que evoquen directamente la idea de solidaridad y justicia social, conceptos con una marcada lectura positiva que la persona que los registra aceptará como algo a cultivar. Al fin y al cabo, el fin que buscamos es que los animales no-humanos sean respetados, no que no sean discriminados, que no deja de ser el obstáculo para el fin que pretendemos. Uno no desea “dejar de ser débil”, sino “ser fuerte”. Uno no quiere “no estar gordo”, sino “estar delgado”. Todos sabemos que no es lo mismo ver la botella medio vacía que verla medio llena.

No queremos que se respeten los derechos animales para que llegue el fin del especismo, queremos el fin del especismo para que se respeten los derechos animales. Así pues, en coherencia se debería reivindicar directamente lo que queremos, no dar un rodeo reivindicando el fin del obstáculo que impide lo que queremos.

3. el tercer problema es que antiespecismo es una palabra mayormente desconocida, y utilizarla como bandera puede resultar poco práctico. Aunque se pretenda dotarla del mismo empaque que a antirracismo o antisexismo, uno se encuentra con que es una labor añadida de dudosa necesidad, pues se puede emplear un término como integración, que además de ser ampliamente conocido se usa igualmente con las discriminaciones humanas y por lo tanto se puede intercambiar, con lo cual la correspondencia es directa. Esto son algunos ejemplos de discriminaciones y sus opuestos:

  • racismo <> integración racial
  • sexismo <> integración de género
  • especismo <> integración de especie
  • discriminación <> integración

Todas estas son formulaciones positivas alternativas que resultan fácilmente entendibles de entrada, aunque luego precisen matizaciones adicionales. En todo caso, hablar de integración de especie o integración animal no resulta más extraño que hablar de antiespecismo, siendo que la primera acepción maneja términos conocidos y no “exóticos” para el ciudadano medio.

4. el cuarto problema es que de por sí, especismo resulta un término confuso, pues las plantas también pertenecen a otra especie, y un profano en la materia fácilmente interpretará que se las deja fuera sin motivo, cosa que puede resultar incoherente y restar credibilidad, al menos hasta que esa persona no haya aceptado la capacidad de sentir como la única moralmente relevante, cosa que no suele suceder inmediatamente.

Este problema se salvaría con facilidad de emplear un término más adecuado que incluya la palabra animal, o tal vez la característica que se considera relevante como la capacidad de sentir. Así el término se interpretaría de entrada de un modo más veraz y ajustado para su mejor transmisión.

Estos son los problemas principales que presenta el término antiespecismo frente a otras alternativas. A todo lo expuesto pueden presentarse objeciones. Las dos principales que se me ocurren son las siguientes:

1. la primera objeción que pueden encontrar algunos antiespecistas es que consideren necesario antes de nada hacer una crítica a lo ya existente para luego proponer una alternativa. De este modo dejar bien claro qué es el especismo y por qué estamos en contra. Sin embargo, es precisamente eso lo que puede resultar estratégicamente dudoso, pues presentando de entrada el problema en lugar de la alternativa, se le da relevancia y así se refuerza (aunque sea de modo involuntario) lo normal de esa situación.

No se trata de evitar mencionar el problema de base -el especismo-, sino evitar tomar la oposición a lo establecido como bandera.

Los discursos de muchos veganos se articulan en base al rechazo al especismo, y se abusa de la palabra antiespecismo o de otras palabras de carga intrínsecamente negativa. Sinceramente, creo que esto no es efectivo, o al menos no es tan efectivo como si se diera preponderancia a términos menos rechazables emocionalmente, sin por ello renunciar a la pureza ideológica del trato equitativo que se pretende transmitir.

Por supuesto hablo con carácter general, puede que haya personas con las que funcione un discurso más "revolucionario", incluso agresivo. Pero esto suelen ser las excepciones, y de lo que se trata es de ser efectivo apuntando a lo que tiene más probabilidades de funcionar.

2. la segunda objeción pueden ser las connotaciones confusas de términos alternativos como integración, igualdad o equidad, pero como ya he explicado este problema también existe con antiespecismo y en un grado mayor. El término integración animal me parece muy buena alternativa, principalmente por sus connotaciones sociales.

A diferencia de antiespecismo, integración es un término que se emplea comúnmente para humanos, lo cual puede provocar la sensación de que se confunda o tergiverse su significado en base a lo que comúnmente se entiende como integración, esto es, integración laboral, cultural, etc. Sin embargo, esto ya nos sucede a menudo con otros términos como igualdad, intereses, derechos, etc, siendo que a menudo hay que acabar aclarando las connotaciones específicas que tienen en el caso de los animales no-humanos. De hecho, una de las mejores bazas que usa el movimiento de derechos animales es la equiparación de términos, y cuando se da la oportunidad de ampliar a los animales no-humanos un término connotado positivamente que tradicionalmente ha sido empleado para los animales humanos, se debe aprovechar.

Con todo, soy consciente de que el término integración animal no es perfecto y presenta sus problemas. Es difícil encontrar términos que sólo presenten ventajas a la hora de articular un discurso efectivo. Pero con todo, me parece que éstas superan con creces sus inconvenientes desde el punto de vista de la difusión ideológica, y me parece la alternativa más válida de entre todas las posibles, incluyendo el término que da título a este artículo.


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